Sobre deambular

Expuesto desde tan tierna edad a semejantes influencias literarias, quizá no sea de extrañar que Esmond Wiley se aficionara de pequeño a una actividad que podríamos describir como «deambular». Mientras otros niños corrían, gritaban, brincaban, hacían el tonto y, en general, se comportaban como niños, Esmond, casi desde que aprendió a andar, se limitaba a deambular por la casa con aire solapado y melancólico.

De Los Grope, de Tom Sharpe

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